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Las Chicas del Pasado (Parte IV - Borrador)

jueves, 5 de noviembre de 2009






IV






Posiblemente cada persona al momento de recordar las épocas más importantes o alucinantes de sus vidas tal vez piensa en su niñez o en la secundaria o en la universidad (claro cada persona es diferente y ha vivido cosas totalmente distintas) sin embargo lo que escribiré a continuación es una repaso de lo que me tocó vivir a partir de agosto del año dos mil dos cuando yo tenía quince años y el destino hubo de reunirnos para en adelante vivir nuestra primera historia de amor, (aunque yo venía de una serie de desabridos sucesos por los amoríos fugaces que viví) o sea llegaba el primer amor (porque lo juro fue la primera persona de la que me enamoré así con puntos y comas o como podría decir Vargas Llosa, me enamoré como un becerro) y más lindo aun yo era su primer enamorado. El que le iba dar el primer beso de su vida...






Por eso he decidido que esté capitulo debe ser el más enternecedor, el más serio porque en simples palabras lo que vivimos ese año y los posteriores fue lo más hermoso que he vivido hasta antes de cumplir veinte años y desde luego ella, mi inolvidable Julieta nunca jamás y pase lo que pase, se ha de borrar de mi mente…

No busco cansar a nadie, ni mucho menos mostrar una empalagosa historia, simplemente me ha sido inevitable no ser extenso; es que quiero contarlo todo (obviamente todo lo que se puede contar) pues esta noche (siete años después) sigo viendo aun sus fotografías y he recordado todo en un segundo y siento nostalgia al pensar que ella es de otro cuando yo en ocasiones he sido de otras… y peor aún sigo marcando: 94XXX8949 con la absurda esperanza de volver a verla personalmente…

Todo porque me gusta escribir: y como muchas veces, mi afición por las letras (que si un relato, que si cositas románticas) fue la causante de mis amoríos. Esta vez, en aquel memorable agosto el profesor Armando se dio cuenta que en percentil había quedado en primer lugar y que las notas que publicaba en el periódico mural llamaban la atención, entonces fue así que decidió inscribirme en un taller de corresponsales escolares que organizaba el diario La Industria de Trujillo, en el que yo y un compañero íbamos a representar a nuestro colegio, si los planes salían bien íbamos a viajar a Trujillo en una semana (es triste y a la vez emotivo, pensar en aquellos días porque muchas cosas simplemente se daban y yo ni por casualidad pensé que mi historia de amor estaba a punto de comenzar…).

Quince de agosto del dos mil dos (así lo tengo anotado en mi diario) el profesor Armando habló con mi mamá para solicitarle el permiso correspondiente pues en menos de una semana viajábamos a Trujillo. Mis padres aceptaron y yo estaba saltando en un pie. -irá con Julieta Sánchez Mendoza - le dijo el profesor a mi madre.

Indiscutiblemente cuando escuché esas palabras no lo podía creer, ahora ya no saltaba en un pie, ahora saltaba en un dedo… Simplemente era una sorpresa, era algo increíble, era como en esas escenas de las películas cuando recibes una súper buena nueva y abres la boca y te la tapas con la mano como para no escandalizarte… tenía que contárselo a Carlos lo más pronto posible porque yo no podía cargar con tanta alegría al mismo tiempo…

-ya pes ‘tonces tendrás que hacer algo allá en Trujillo – me contestó un escéptico Carlitos, después de escucharme.

Llegó el día: Viajé con el profesor Armando aunque Julieta viajó por separado (con su mamá) daba igual porque en Trujillo de hecho íbamos a estar juntos (juntos pero a la vez vigilados por su madre ¿Qué romántico verdad?)…




Nuestro trato empezó retraídamente… es que las cosas con ella no iban a ser como mis relaciones anteriores, pues desde que la vi tiempo atrás en una fresca tarde de mediados de julio mientras yo caminaba a lado de una larga pared de adobe la cual emanaba un calorcillo febril que a esas horas durante los días de verano de finales de julio es cosa de todos los días; la distinguí como a veinte metros y tímido y presa de mi propia vergüenza, traté de esconderme, sin embargo descubrí que todo iba ser inevitable…




Entonces la vi caminando por la vereda del frente y en sentido opuesto, en compañía de Celia (su mejor amiga) ambas vestían el buzo deportivo de nuestro colegio, que por esos días celebraba las olimpiadas Herodianas. Pasaron sin el menor caso, a pesar de eso volví la mirada para verla sin que ella tuviera la sospecha de que la observaba lleno de curiosidades y encantos ahí arrimado a un poste de luz, pensaba y buscaba explicaciones de cuándo y cómo pudo haberse robado mi corazón sin que yo haya tenido la menor idea (aunque años atrás cuando éramos más niños yo había tenido conciencia de que su sola presencia era la causante de esa electricidad que me apocaba como a un tonto. Como olvidar los días cuando éramos niños y la veía (lleno de sigilo) ir a la tienda acompañada de su madre y su hermana para comprar figuritas para un álbum que en ese tiempo fue una fiebre en Angasmarca (era uno sobre los atractivos turísticos del Perú) o como olvidar aquel invierno cuando recibíamos catecismo por parte de las monjas del Buen Socorro, como haber olvidado esa semana santa y también un día cuando juntos pero distanciados hicimos la primera comunión…) de que mi corazón había caído por primera vez en los tramites iniciales e inocentes de un amor triste y sincero que hasta la actualidad ha dejado remanentes que son difíciles de eliminar… la vi por vez primera (de un modo distinto como suelen decir las canciones de amor: “como ve un hombre a una mujer”) tan tierna y niña, sus cabellos claros tan lindos su mirada inquebrantable su lunarcito serafín que tiempo después hubo de ser la sublime inspiración de las incontables cartas de amor que le empecé a escribir con un entusiasmo y ternura nunca antes visto… todos los días me acordaba de ella era obvio que mis quince años eran plenos…

Esa tarde como a las cuatro, después de verla pasar sentí que no eran ni electricidad ni mariposas en el estómago ni mucho menos vergüenza las cosas que estaba sintiendo, simplemente entendí que me había ido enamorando de ella desde el tiempo de las clases de catecismo y que subconscientemente la quería aunque hayamos pasado tiempos difíciles, por las competencias en el colegio de mi grado versus el suyo y aunque yo haya muerto en mi gélida ley de la indiferencia, empecé a planear como iban a estar las cosas a pesar de que iba ser difícil negar mis sentimientos o sea ir en contra del tonto orgullo y de una buena vez darle rienda suelta a mi apurado corazón …

-lo haré- pensé
-aunque ahorita mismo no, pero debo hacerlo está linda la Julieta…- hablé conmigo mismo como un desquiciado parado de codos en esa pared que daba su tibieza de verano… no le conté a nadie, mucho menos a Carlos (aunque me sentía en la obligación porque nosotros nos contábamos todo…) vagué un poco por las calles polvorosas del pueblo y ya muy venida la noche escribí cosas inexplicables en mi diario y me quedé dormido pensando en ella y en si le iba decir ese hola (tal vez en el colegio, o en la próxima vez que se me iba cruzar por la calle) que por cosas desatinadas se había convertido en un silencio glacial…

Ahora al recordarlo, veo como imágenes fugaces los momentos caminando por los sembríos de frutales en Chao y paseando por la atarjea del proyecto CHAVIMOCHIC, tomándonos como seis o siete fotos tímidas… yo ingenuo nada fotogénico a su lado (guardando mi distancia) y ella con la misma expresión que ha conservado hasta el día de hoy (solo basta ver su hi5 para comprobarlo) a mi lado posando para una foto que ahora busco con locura… Hicimos un taller relámpago de periodismo en una universidad que tiempo después me hubo de albergar, visitamos la imprenta del diario en mención paseamos en unos buses brindados por la Universidad Nacional y todo el tiempo ella escoltada por su madre (o mejor dicho su madre a lado de nosotros) y yo esperando el momento para actuar pero nada… la verdad perdí las escasas oportunidades que pude tener como la mañana en que estábamos en la casa editora de La Industria, solos tan solos que sucumbí en mis temores, en mi inseguridad que todo lo que tuve pensado se me quedó en la punta de la lengua y me fallé a mi mismo porque ella me miraba, daba vueltas por ahí como si advirtiera mi pensamiento pero claro yo incierto no le dije nada…

Mas demoré en entusiasmarme con el viaje que en regresar, aunque no puedo negar que estuvo divertido conocer la UPAO, la imprenta, el paseíto y eso de recolectar fresas en un fundo en medio del desierto y modestia aparte al día siguiente salimos en una nota en el diario, éramos noticia con foto y todo, ya que fuimos los únicos participantes del interior de la región… cuando volví a Angasmarca y le mostré el diario donde aparecíamos en una foto en blanco y negro en que una Julieta llena de ternura y yo distraído fingíamos una sonrisa que tal vez pudo ser el indicio de nuestro triste amor -que como lo repito- hasta el día de hoy ha dejado remanentes que son difíciles de eliminar, incluso me he puesto ha pensar en que yo podría estar viviendo el papel de Florentino Ariza del grandioso “Amor en los tiempos del cólera”… aunque lo dudo.

-como siempre no hiciste nada seguro- se burló de mí el gran Carlitos.

Como se notaba que me conocía y que sabía que con Julieta las cosas no iban estar tan simples como con mis anteriores chicas, es que hubo un día en que le conté a Carlos que con Julieta nada era igual, absolutamente nada… y él lo comprendió porque lo dije seriamente y como él solía decir:

-tu cara de baboso lo dice todo-

Lo que pasaba en realidad, era que yo la veía tan niña y a la vez linda y lo peor era que en esos días tenía una mentalidad estúpida porque pensaba al igual que Carlos que mientras más chicas uno podía tener más hombres éramos por eso tuve cinco minutos de conciencia y pensaba que con Julieta no debería jugar - con ella no- porque ella no se lo merecía y por ultimo también pensé que yo no me la merecía porque yo era en sentido figurado lo que una vez me dijo Alina en la puerta trasera de la casa de sus abuelos:

-eres un perro, pero igual te quiero…-

De manera que dejé que pasen los días y el recuerdo bonito que nos trajimos de Trujillo quedó ahí porque obligatoriamente todos mis planes para con Julieta se vieron postergados por culpa de mis torpezas y de mi voluble forma de ser... o mejor dicho por lo que pasó en los últimos tres días del mes de agosto cuando se celebraban las fiestas patronales y mi tranquilidad sentimental empezó a apuntar donde Natalia…(para mayor información leer la parte III)




La segunda semana de septiembre, después de restablecerme de lo que pasó con la niña fantasma, en el cole’ arrancaron los exámenes bimestrales, estas son algunas notas que recuerdo:
- Diecisiete y medio… en el curso de la profesora Yolanda
- Un austero trece en biología con el profesor Rufino.
- Quince en Computación, con el profesor Cleydi
- En matemática, ummm no lo recuerdo.
- Etc.




Aquí voy con una frase tan usada por todos (que siempre me ha gustado):

Muy temprano por la mañana, muy a última hora por la tarde, tenía que verla, era sí o sí, yo no podía pasar un día sin ver a mi Julieta… ahora no habría niña fantasma que se interponga… ahora éramos ella de trece años y yo de quince, ahora Julieta era lo único precioso que residía en este corazón que poco a poco iba dejando atrás el recuerdo fugaz de la niña fantasma…
No encontraba la manera de hablar personalmente con Julieta y era evidente que moría por ella, a la hora del recreo a las diez y media de la mañana, todos los días no la perdía de vista a lo mucho un hola como para empezar, luego Carlos con Celia hicieron que nuestra debilitada amistad fuera más allá…

-Escríbele una carta Juan…- Me recomendaba Carlitos.
-¿Una carta? –
-Si pues sonso una carta de las de amor… declárate en una carta, así el negocio te sale más barato y te evitas el roche.-
- Si caballero nomas, será una carta…-
-Ta que eres una rata primo…-
-Jeee pa que tan los amigos-

Camino a casa, rondaban las ideas, no sabía cómo empezar, mejor dicho no podía ordenar mis ideas y ya en mi habitación en la cama mirando al techo pensaba en una introducción, mejor dicho planeaba mi declaración de amor, pensaba en cómo podría empezar mi valerosa declaración de amor, para eso cogí mi diario e hice la siguiente lista:

-desde que te vi me enamoré de ti- No para nada eso suena muy clásico eso es huachafo, es algo tan cotidiano es algo tan usado como si dijeras “la unión hace la fuerza…”

-hola espero que leas esto, primero te hago llegar mis saludos- Peor eso suena a carta formal como si me estuviera dirigiendo a una institución del estado.

-con el debido respeto que te mereces - Agg no eso suena cómico.

Mi tormento murió cuando ya muy entrada la noche después de muchos intentos fallidos algo alivió mi estancada inspiración: Una fotografía.

En mi maletín muy pero muy camufladas, estaban las fotos tímidas que nos hicimos en el paseo fugaz a CHAVIMOCHIC… yo ingenuo nada fotogénico a su lado (guardando mi distancia) y ella con la misma expresión que ha conservado hasta el día de hoy (solo basta ver su hi5 para comprobarlo) a mi lado posando para una foto que ha quedado también en este fichero imaginario de mis recuerdos, por momentos le doy zoom y la acerco cada vez más con el simple objetivo de ver sus pestañas de princesa, su carita de trece años, su lunar, sus labios con sus comisuras indelebles que gracias al cielo llegué a besar…

Y escribí como un imprudente, con mi letra ligada, quizás la más fea del colegio y lo peor, en una hoja cuadriculada de mi cuaderno de matemática, aquí un fragmento de mi nostálgica inspiración:

Que te quiero, que escribo tu nombre por todos lados, que eres la niña más linda, te busco pero siento miedo tal vez pánico… te miro de lejos y tu también creo… igual tus ojitos me miran aunque tú no… tengo miedo de todo, tengo miedo al escribirte esto y no ser exacto, te quiero, no sé que mas decirte.
Solo pienso en estar contigo, quiero que seas mi chica, te quiero desde hace mucho tiempo y sabes te pido perdón por escribirte esta carta por no dar la cara, somos amigos pero no sé lo que pasa… igual prometo buscarte te lo juro hablaremos… recibe esta carta como un acto desesperado, te quiere
Juan Carlos

Angasmarca 13 de setiembre del 2002. Los presentimientos no existen, por el contrario uno los origina. Después de dar examen de biología lleno de tensiones porque uno no da todos los días sobre todo en secundaria un examen de veinte preguntas de las cuales diez son para rellenar, cinco para marcar y otras cinco para relacionar, ofuscado esperé el recreo para preguntarle a Celia o a Carlos si habían noticias, estaba casi en estado de paranoia, tenía miedo por jalar ese examen y por otro lado pensaba en Julieta, que impresión habrá tenido?, aceptaría?, me escribiría?




Moría por salir y correr donde Carlos a preguntarle lo que sea, pero el tiempo era el más lento del mundo, me estaba volviendo loco y la campana no sonaba fue una eternidad, creo que pasaron siglos hasta que pude salir…




A penas salí del aula tuve que luchar con ese conglomerado de alumnos de todos los grados que corrían como locos, me dirigí hacia el salón de Julieta y se asomó Carlitos por ahí, enseñándome un papel blanco, ¡era la carta de Julieta! , el presagio se hizo realidad, Carlos lo traía como si fuera una bandera, me lo enseñó de lejos muy lejos el maldito como enseñándole el juguete a un niño desesperado, lo sabía pensé, sabía que Julieta me escribiría, bien!!!


“Juan Carlos, lo que te dijo Celia es verdad y quiero que sepas que a pesar de lo que te voy a decir el lugar que yo ocupo en tu corazón, tu lo ocupas en el mío y que me gustas como eres.

Yo por ahora no puedo estar contigo, porque tengo miedo de que empiecen las habladurías y lleguen a oídos de mi mamá y pierda la confianza que tiene en mi.
Entre tú y yo aun no pasa nada pero a mí ya me están fastidiando y los que escuchan eso me miran con una cara que me hace sentir incómoda y eso no me gusta. Y por ahora seamos solo amigos”




(en mi diario transcribí la primera carta que me escribió mi Julieta, ahora que repaso mi cuaderno de memorias he visto que el día en que recibí esa carta fue el día diecinueve de setiembre del dos mil dos)




La leí como cuarenta veces, estudie cada párrafo cada oración, le buscaba el mensaje oculto, quizá el sí esperado venía codificado, nunca encontré el código, en consecuencia esa noche dormí escuchando “La Margarita dijo No” de Alejandro Sanz…Bajo la lluvia bajo el sol la margarita dijo NO.




Continuará…


_____________________

* ESTA CANCION ESCUCHE CUANDO JULIETA ME DIJO QUE SOLO PODRIAMOS SER AMIGOS

Las Chicas del Pasado ( Parte III )

lunes, 15 de junio de 2009


En la noche del 29 resulté con Carlos con mis primos y muchos amigos de mi edad en ese vaivén de comparsas y rondas que desplazaban a la multitud como si fueran rebaños perdidos al pie de los castillos y de tantos fuegos artificiales que a pocos se iban terminando de armar, en una de esas movidas de rondas y bailes, una pantalla pirotécnica empezó a dar sus detonantes sonidos y mi ruedo de amigos se desintegró

Obligatoriamente tuve que tomar un plan de contingencia y como siempre yo alucinado me sentí en el papel de James Bond, tenía que averiguar, tenía que luchar por ella, (que patético verdad?) apenas habíamos bailado cuatro horas y media y como siempre tonto ni siquiera tuve la cortesía de preguntarle su nombre o sea estaba en nada, enfadado conmigo mismo por no haberla encontrado, regresé a casa donde todos estaban que me buscaban como locos porque era el día central, la misa y la procesión de la virgen Santa Rosa de Lima y yo volvía tan fresco en fachas con la cara de trasnochado como si no tuviera que ir al compromiso tradicional de la familia…

Mi mamá con su apuro clásico:
-tu terno está planchado sobre tu cama-
-te bañaas ahorita mismo!!!-


Mis hermanas:
-te pasas Juan Carlos mi papá está enojado por tu culpa-


-como gran señor anoche has llegado tarde y encima amanece y te desapareces-

Y por su puesto mi abuelita un amor:
-hijito cámbiate vamos a la misa negrito, apúrate te espero, no lo hagas caso tu papá no está molesto y si te hace algo se las verá conmigo…-

Aquel treinta de agosto fue un día como pocos, el cielo se prestaba con su perfección impecable, el calor hacía de las suyas y obviamente no me puse el saco, solamente la corbatita y salí a matar… James Bond se había encarnado en mí y salí en búsqueda de la niña fantasma…

En la misa me comía las uñas miraba hacia todos lados y como ido la buscaba entre tantas caras, entre mis amigos del grupo del coro (donde ademas estaba Julieta) y nada, empezaba a sofocarme, me aflojé la corbata y respiraba como si estuviera a punto de asfixiarme me sentí otra vez en el rol del 007 pero esta vez en una situación de pánico…

Al término de la misa a los chicos del grupo cristiano, nos regalaron unos rosarios color negro, con la respectiva bendición del sacerdote ni bien me lo entregaron salí volando de la iglesia salí a respirar y a ordenar mis ideas, estaba cayendo en la dudosa idea de que tal vez todo fue un sueño y que nunca bailé con la niña fantasma. De pronto en medio de la multitud y de un sinnúmero de danzantes que a esa hora se entrecruzaban por la calle delante de la virgen que orgullosa y bendita se veía mientras su pueblo en hombros emprendía su procesión anual… rogaba que la niña que había conocido no fuera un fantasma si no al contrario sea de carne y hueso al igual que cualquier mortal…



Desesperado sacrificándome con el cuello ajustado y la corbata a lo James Bond, la seguía buscando y caminaba desorientado entre la muchedumbre que manifestaba su ferviente devoción mientras yo imprudente sin saber que hacer perdía las esperanzas… incluso de tanto pensar y recordarla, llegué al punto de dudar y por consiguiente empecé a disgustarme por todo, incluso odié estar ahí caminando sin saber a dónde rodeado de gente que en su mayoría me conocía… también me odié por andar vestido e incomodo por el calor insoportable de la una de la tarde… y más trágico aun sin haberla encontrado…



Fue que en una de esas idas y venidas cuando mi abuelita me hizo un gesto como para guardar la compostura (obviamente no podía ocultar mi inquietud, me había pasado por todos los frentes de la procesión en busca de la niña fantasma) ya que muchos se dieron cuenta que caminaba iracundo e inquieto como un busca pique…


-que pasa hijito pareces un busca pique- me dijo mi abuelita…

No quedaba de otra, que acompañar la procesión y tranquilizarme inclusive en medio de mi mal humor, le pedí miles de perdones a la virgencita por andar echando fuegos en ese su paseo anual…


-debo estar enloqueciendo – fueron las tres palabras que dije mientras me quitaba la corbata de James Bond de quinta categoría… mientras la hacía un ovillo y la guardaba en el bolsillo derecho, presto a resignarme me aflojé la camisa y caminaba sin sentido… haciendo puños atormentando por tener la imaginación de un mocoso, acaso no tenía quince años (estaba grandecito) y aun alucinaba con personajes del cine y pensaba en la posibilidad de un fantasma…

Fue como en el cine (bueno ni tanto) pero fue algo así como cierta escena de suspenso y por supuesto todo en cámara lenta, era como si yo estuviera viendo un acto en el cual yo era protagonista y a la vez espectador… la banda de músicos empezó a tocar la más triste de sus marchas y de cualquier lado una niña como de seis años abrió un cesto adornado con guirnaldas y tules blancos del cual tiró de una pita celeste y zas!!! Tres palomas salieron alocaditas revoloteando atolondradas las pobres (no era para menos estaban en cautiverio) y así en medio del show dos de ellas se fueron lejos y juntas como desairando la procesión y la tercera… la tercera voló en círculos, voló agitadísima la condenada y bajó un poco como queriendo aterrizar en mi cabeza, luego por detrás asustó a un bebé que estaba en brazos de su madre para luego dirigirse al balcón de los León… se posó en ese balcón en el que de pronto había una niña con gafas oscuras jeans y zapatillas rosadas vistiendo un polo del equipo de mis amores: Unión Progreso…

Entonces supe que la niña fantasma en realidad no era un fantasma y estaba más viva que yo disfrutando del abrasador clima, bronceándose toda ella mientras por la calle desfilaba la multitud consolidando así la procesión de la Santa Rosita…

Mientras la miraba, rogaba a los cielos que ella no se diera cuenta que yo andaba por ahí con la camisa afuera y con la corbata hecha un ovillo dentro del bolsillo derecho, por suerte se retiró, se perdió en la puerta y empecé a respirar otra vez pero solo me dio chanche para limpiarme el sudor de la frente que brillaba escandalosamente porque esta vez regresó con una canastita llena de pétalos de rosa y sin dudarlo empezó a volcarlos sobre la imagen de la virgen y yo estúpido la miraba así como tantos otros chicos de mi edad y pensé en que debí ponerme la corbatita y que James Bond debería regresar a la acción…

Felizmente había una camioneta estacionada a un lado y por ahí me escondí y me volví a poner la corbata, me sacudí mis disparatados cabellos, me miré en el espejo del carro y conté hasta tres y regresé a la procesión para verla o mejor dicho para que ella me viera, cuando miré al balcón ella ya no estaba… solo la paloma daba vueltas por un cobertizo que estaba muy cercano…


-seguro ahorita baja- pensé
Y caminé hasta la otra orilla de la calle en medio del gentío y calculé como para que el encuentro fuera accidental y desde luego fue casual…


Me choqué frontalmente con la abuelita que casi me muele a palos…

Pero creo que pensó en ignorarme (menos mal porque igual esta vez traía el bastón de aluminio) y se pasó por mi lado como si yo ahora fuera un fantasma y tras ella venía un señor gordo y a la vez alto con unos bigotes a la antigua a lo Ramón Castilla (creo que estaban engomados y le venía al señor) se acercaba y me miró y me pidió permiso:


-permiso joven, que estamos retrasados- como no iban a estar retrasados si desde la mañana, desde la misa los andaba buscando pensé, mientras le hacía una reverencia de buen samaritano…
Entonces detrás del señor en mención y cogida de su mano, venía mi niña… como no olvidarla si su frescura era tal que en realidad me sentí un James Bond que al fin en una fiesta quizá en Ibiza o en una isla de las Antillas encontraba a su chica… nos chocamos de hombros y ella me hizo un gesto como diciendo hola y yo más torpe…

-ho hoholaaa-

Y luego con los dedos me hizo un ademán como diciendo que luego hablábamos y obviamente ese gestito me catapultó hacia una alegría fantástica…

En los momentos sucesivos trataba de mantener la calma pero no se podía y la miraba de perfil, miraba todo lo que hacía la veía persignarse y luego yo lo hacía… la miraba desde un extremo y en seguida del otro, tratando de explicarme muchas interrogantes que cada dos segundos agobiaban mi idílica tranquilidad.

-¿Por qué tiene el polo de Richard? – Desde luego no tenía estampado el nombre de “RICHARD” en la espalda (como todos se imaginan), al contrario solo tenía impreso en la espalda y con color negro el número siete y todos los fanáticos o los hinchas más allegados del club deportivo Unión Progreso, sabíamos que el jugador que vestía la siete era Richard Ramos León… que para variar era mi primo… el que siempre en mis cuestiones amorosas de aquella época tuvo que entrometerse…(cuando hable de Alina entenderán)

La curiosidad me tenía en vilo y empecé a teorizar: en que quizá Richard se hizo su amigo y le pudo haber regalado la camiseta? O tal vez ya eran novios y otra vez estaba yéndome de cara como en mis anteriores enredos amorosos, como decía don Ramón “me lleva el chanfle…” , esa mañana mientras seguía la procesión, ridículamente empecé a sentir celos por una persona a la que nunca le pregunté el nombre y peor todavía por una persona que había aparecido en mi vida hace doce horas… en conclusión estaba enloqueciendo por una desconocida.

Fue la procesión más inquieta de mi vida porque en algún momento sentí que el corazón no me cabía en el pecho (el sol de las dos de la tarde y el nudo de la corbata fueron mi tormento) incluso sentí vértigo y cierta debilidad al llegar a la iglesia en medio de esa aglomeración que clamaba a la Santa Rosita por sus milagrosas bendiciones… Temí perderla de vista.





No había tiempo para pensarlo, pues el James Bond que llevaba dentro me decía que debería actuar lo más antes posible, era ahora o nunca… aunque tuviera que cruzar entre esa multitud de feligreses, que aglomerados cabían en la iglesia. No me importó y le dije a mi abuelita que volvía al toque (mentí porque me demoré como media hora), me armé de valor aunque el corazón y las piernas me temblaban como perro envenenado. Me confundí en medio del gentío y esta vez estaba seguro de no perderla… me propuse ir sin miedo a nada y pedirle, hablemos. Pero por ahí como en las novelas, volvió ella a mi mente precisamente en ese momento (ok, ok lo admito, en aquellos días yo especulaba recelosamente en que Ludwing quería quedarse con mi gringuita, con la chica de la que hablé al principio, con mi Julieta), no lo pudimos evitar, nadie pudo evitarlo, ellos eran tan amigos que su amistad me hacía perder la calma, me daba miedo pensar en que Ludwing se estuviese interponiendo en mis planes con Julieta, como en la canción de Sin Bandera, “aun ni siquiera te tengo y ya tengo miedo de perderte…” así me sentí cuando los vi joviales conversando como si nada como si yo no anduviese por ahí caminando por sus narices (aunque a esas alturas yo no tenía derecho a reclamar, a resentirme porque andaba atrás de mi chica fantasma; igual no me gustó para nada esa escenita que quizá ellos ahora ya ni recuerden y supongan un invento mío)

Que hago, no sabía que acción tomar, pues por un lado estaba muriendo porque mi Julieta andaba risitas y risitas con uno de mis amigos de confianza, mientras que por otro lado estaba la niña fantasma a quien quería ver o tenerla ya mismo frente a mí para al menos preguntarle su nombre

Quería obsequiarle el rosario, que el cura de Cachicadán nos regaló a los chicos del grupo católico. Ese iba ser el truco, ese iba ser mi trofeo para ella...

Lo que quedaba de mí corazón y la intriga me volvían loco me hicieron articular inaudiblemente las siguientes palabras:

-hola he qué tal? – (ahora me pregunto cómo pude ser tan limitado en cuanto a mis modales)

Ella me miró contenta (claro como no si su 007, llegó hasta ahí solo por ella)

Y yo imprudente, a lo Bugs Bunny:

-hoola, ¿y qué hay de nuevo?- todo cómico yo

Y ella como una lechuguita súper fresca en medio del centenar de personas que nos rodeaban:

-hooolaaa que sorpresa, ¿estuvo bonito todo no?-

Después de un siglo respondí:

-ah sí y eso que otros años ha sido mejor –

-ummm bueno como es la primera vez que vengo, me pareció chévere-

Y vino lo peor, la palabra que nunca pensé iba salir de su boca:

-¿oye amiguito cómo te llamas?-

Queeee, dijo amiguito??? Me trata como a un niño?? Que le pasa? Pensé.

-ahh pucha disculpa creo que anoche no escuchaste cuando te dije mi nombre- Improvisé, mentí, tontamente.

-como había mucha bulla tal vez no te oí –

Y este aprendiz de seductor habló:

-etee yoooo me llamo Juan Carlos ¿y tú?- (¡Que tonto! Que redundante simplemente debí decir me llamo Juan y nada más, debí ahorrarme el YO.)

Y al escuchar su nombre, al verla concentrada en mí; llegó el momento, llegó el día en que comprobé la veracidad de la letra de la canción Amor Narcótico de Peralta:

- Tu amor es algo tímido, reñido
es algo típico
"nada especial"
eso dirían los demás
Tu amor es una trampa
es una lanza que traspasa
la tranquilidad, es algo loco
nada más
Es tan impredecible
tan sensible que se irrita
cuando gritas cuando quieres respirar…–


- Natalia Gamboa

Otra vez con mis extravagancias:

-ah yaa, yo Juan Gálvez-

Me miró como diciéndome ok, ok y ¿que mas?

Por lo que me sentí haciendo el ridículo sin poder hablar, sin decir lo que había planeado, (claro era demasiado) y aunque lleno de temores, eché andar el plan:

-ehh yoo – tartamudo

-si? dime-

Luego anti romántico: -yo quiero darte algo-

Y ella con diez mil metros cúbicos de agua helada, me canceló otra vez:

-mira porque no me esperas un toque si?-

Otra vez (como para variar) me dejó parado, mientras veía regados por el piso unos panfletos que informaban sobre las actividades programadas para la fiesta patronal, desorientado otra vez, ya no tuve pena si no por el contrario tuve rabia y celos porque ella hacía lo que le daba la gana conmigo, pero al ver los centenares de personas que me rodeaban, traté de estar tranquilo y mientras ella volvía, recogí algunos de los papeles que estaban regados por ahí y me puse a hacer avioncitos y los tiraba con disimulo y me deleitaba ver las caras de incertidumbre que ponían algunas personas que se percataban de mi arranque… le tiré el más grande y feo a Ludwing y alguien por ahí se río, de hecho yo también, eso es por Julieta pensé… aviones en la iglesia quién lo diría, ¡que pecador! Resulto este remedo de Gabo.

Luego ella que acababa de cumplir catorce años (porque días después me llegué a enterar de eso y mucho mas) volvió, cumplió su palabra y fue una casualidad en mi corto destino, no lo sé pero todo era tan misterioso en ella, digo esto porque siempre estuvo acompañada de sus abuelos y luego hubieron momentos en que andaba callada (como para siempre) e ignoraba mi presencia y me decía que se tenía que ir y emprendía una carrera de niña y me dejaba con un millón de interrogantes en la mente…


-hola ya vine ¿y que me ibas a regalar? –

-umm -

-¿tienes familia en Angasmarca?-


-si algunos parientes- musitó con tristeza


Entonces yo como muchas veces metiendo la pata:


-ahh yaa seguro tus abuelitos? O tus papás?-


-¡sabes que! eso no tiene importancia-


-umm disculpa pensé en eso como a tu abuelita la he visto con personas que conozco, pensé que era de aquí-


-ella no es mi abuelita, ella es mi mamá; y ya no me hagas más preguntas-

Y cierta ira emergió de su expresión, la contuvo un instante y la dirigió hacia mi…la envió con todas sus fuerzas:
-por qué haces estas preguntas?, eres un insolente!!! chau-


Y se fue corriendo, aniñada y loca de ira.

Mientras yo parado y tonto pensaba en qué pude haber hecho para que ella reaccionara así, me quedé viéndola partir entre la multitud que por las afueras, bailaba (como pagada) en la calle que da hacia el centro de la ciudad. Dos minutos después recordé que la noche en que nos conocimos ella le dijo "mami" a la señora que casi me lincha...

Recordé en ese momento que había abandonado a mi abuelita y volví por ella, me inmiscuí en ese laberinto humano a buscarla pero nada (mi abuelita diligente como siempre) ya se había ido y solo logré encontrarme con los chicos del grupo y por ahí con Julieta rebasamos una mirada y media:

1 : Nos vimos o mejor dicho yo la vi de frente casi accidentalmente (incluso le musité un hola imperceptible que más parecía una murmuración que una palabra bien dicha )

: Ella se percató de mi abrupta aparición (y creo que ni caso me hizo) y lo peor fue que Ludwing sintió un triunfo momentáneo al verme desinteresado con Julieta y además creo que fue feliz el maldito, porque se las traía, andaba muy afanoso con la que en diciembre habría de ser el amor más bonito que pude tener hasta hace dos años atrás…

Esa misma tarde, Angasmarca ardía en una celebración eufórica y su servidor parecía un ser perdido, (me alucinaba James Bond pero esta vez en la quinta avenida, en Manhattan) en una tumultuosa calle donde las bandas de músicos, los cohetes y los borrachosos prolongaban animosamente el penúltimo día de fiesta yo simplemente la rastreaba con instinto de sabueso sin flaquear con mi metro sesenta y cinco (de aquel tiempo, porque ahora ando por arriba de los ciento setenta cm.) saltaba como un desquiciado para encontrarla y dicho y hecho, la encontré solita en la puerta de la casa de la mayordomía (de los organizadores de la festividad) esta vez llevaba puesta una bufanda gris con manchitas rosa, una casaca blanca grande y sus lentes al aire con la montura color rosa también, vaya que le iba bien ese color…

-Hola Natalia-

-hola-

-te ‘tuve buscando-

-con tanta gente también – (huy que comprensiva pensé)

-nada ehhh por ahí tengo mis espías- (si supiera que dementemente la busqué como media hora)

-ummm a yaaa tonces me estás espiando?- me canceló

-no nada de eso como crees, ehhh mas bien mira aquí tengo lo que te dije en la Iglesia-

-a ver qué será???-

Lo saqué del bolsillo interior de mi casaca, (aun estaba en su bolsita), ella me miraba concentrada y de pronto extendí mi mano y le dije:

-no es gran cosa, pero está bendecido-

Le regalé el rosario color negro que horas antes me dieron en la iglesia.

-asu que chévere-

Lo extendió lo colgó entre sus manos y la cruz dio un pequeño brillo y su mirada de igual manera, aunque luego haya dicho lo que no quería que dijera:

-gracias amiguito, esta lindo, nunca me han regalado un rosario- (si claro, pero no era necesario que me digas amiguito porque yo quiero ser tu chico, pensé)

-no es nada- altanero yo.

Pero ella un amor…

-de todos modos está lindo, gracias-

Y misma escena de Los Años Maravillosos, se inclinó un poquito hacia mí y en ese estupendo momento cuando la veía venir directo a mis labios, crucé los dedos cerré los ojos e hice un puchero como para que el beso aterrice delicadamente en mi boca…

1, 2, 3 nada!!!

Y una voz interior me dijo ¡abre los ojos tarado!

Ni bien los abrí, ella acababa de darme un piquito en la mejilla…

No supe que sentir ni que decir simplemente confirmé otra vez los arranques extraños de mi niña fantasma:

-gracias- susurró y se fue corriendo donde sus abuelos (supongo), mientras yo otra vez desolado entre el tumulto ratificaba mi idea de que ella tenía algo extraño, quizá cierto aire fantasmal…

Yo en ese momento quise gritarla, decirle estas palabras (que a decir verdad las dije pero bajito), que feo hablaba en ese tiempo o mejor dicho que ridículo:

-para que siempre te acuerdes que tienes a alguien que piensa en ti por aquí por Angasmarca…-

Camino a casa, me sentía como la selección peruana:

-jugué como nunca y perdí como siempre…-

No importaba, tampoco me sentía completamente perdido porque al menos logre algo de su cariño, aunque el esperado chape haya sido postergado…

En la plaza encontré a media farándula Angasmarquina, llámese mis mejores amigos, algunos profes del cole’, algunos jugadores de futbol de mi querido Union Progreso, en resumen, medio mundo de conocidos, ahh y para variar Carlitos:

-bien ahí ahhh –

-no pasa nada on- le contesté algo serio

-jaa te veo pegao por ahí, `ta en algo tu flaquita –

-no jodas-

-tranquilo jugador-

-nada, no hay nada aun –

-ya pues cáele, mira que mañana se termina la fiesta y se va todo el mundo-

-‘tamare tienes razón, ya mañana se van seguramente-

-que sano-

-la vaina es que sus abuelitos, mucho la cuidan-

-haz algo pes… tú que eres poeta, escríbele una carta!!!- me dijo pícaramente Carlitos, el gran conquistador…

-puede ser no?-

-si pes, ohee ya pe déjate de vainas, galan monse-

-vamos a bailar caracho!!!- le dije resignado, pensando en que si no pasaba nada, no había otra opción además igual iba perder porque ella tarde o temprano tendría que volver a Lima, y las probabilidades de volver a vernos eran ilusorias. Nos confundimos con toda la gente y bailamos como más pudimos aunque su servidor siempre pensaba en la niña fantasma.

Mientras dejaba de tocar la banda, por ahí alguien nos invito unas gaseosas (porque en ese tiempo no estábamos relacionados con la cerveza) y apoyados a la pared de la municipalidad, Carlos me dice:

-¿y cuántos años tiene?-

-pucha no sé, no le he preguntado-

-parece chibola- (si y nosotros muy viejos, pensé)

-igual ya fue, porque preguntas tanto ah????-

Y me señaló como imitando esos gestos que en las películas los narcos colombianos le hacen a sus esbirros para que hagan sus fechorías; no lo comprendía muy bien, entonces vuelvo la mirada y veo a un Carlos tan emocionado (como el día cuando por primera vez le dio un beso a Celia):

-ahí viene ‘on - me advirtió un satírico Carlitos

-Ahí viene tu flaca on- repitió

Y era cierto; ahí venia Natalia, ahí venía la flaca, altiva en un momento y sublime en el otro, una combinación de personalidades.

-tú mismo eres Juan- me recordó Carlitos mientras me codeaba.

-que empiece la fiesta primo!!!-

No le dije ni pio, solo recuerdo que me dio la mano y bailamos una cumbia que por esos días estaba de moda, (era Paloma Ajena de Agua Marina) pasito pa’ delante, uno pa’ atrás como recordando la vez en que hicimos un fonomímico del grupo en mención (eso fue un año atrás, en la fiesta de aniversario del cole’, Carlitos, Ludwing, Jorge, Julio, Antonio y su servidor) ella me miraba asombrada por la chispa que tenía en ese momento y me dijo:

-saaabes, eres cheeeevere- pegada a mi oído porque la bulla era total…

Yo asentía gestualmente (y mandado me pegaba más a ella como si no fueran suficientes sus gritos de brujita…) y la farándula moría de envidia… ¿qué hacía un mocoso como yo con esa limeñita???

-Ahh, sieeempreee soy asiiii- presumí

Mientras por un lado Carlitos, él mismo era con una flaca desconocida, hacía sus piruetas picarescas, daba vueltas idas y venidas, la tomaba por la cintura y cimbreaba como un trompo, mismo Cantinflas.

-En la noche hay un baile, en la escuelita verdad?-

-ahh si-

-irás Juan?-

-claro cómo no-

-vamos ¿?-

-ya vacan chévere- y pucha pensé en si esa noche iba ser como las anteriores, que tal si mi papá no me daba permiso? Igual tendría que escaparme.

-hoolaaa oyee que pasa?-

-ahh nada disculpa…dime a qué hora nos vemos y donde –

-a las once en la esquina del hotel-

Mejor no digo nada pensé porque no vaya ser que me deje parado otra vez.

-ok no hay problema-

-eh amiguito antes que me vaya puedes pedir una canción?, como veo que tú conoces a todo mundo- (claro cómo no iba darse cuenta si toda la gente del cole` conocidos y no, me pasaban la voz… ufff que educados)

Pucha que roche pensé.

-ahh yaa normal - conteste

- Procura de Chichi Peralta-

- Epa esa canción es buenaza y está de moda no? –

-me encanta, porfaa si?? –

Claro como no mi amor, por ti lo que quieras pensé (ahora que lo recuerdo, creo que eso estuvo recontra huachafo)

Maldito como no vas a tener ese tema que está de moda, pucha y ahora??? Pensé cuando volvía a buscarla, triste porque ese remedo de DJ que había, no tenía el tema que le gustaba a la niña fantasma… ya sé quien me puede salvar (adivinaron, pensé en el gran CARLITOS)

Le hice señas a Natalia que solita me esperaba en una banca, como diciendo que me espere, y fui volando donde Carlitos y lo jalé del brazo:

-Carlos, es de vida o muerte, ¿tienes la canción Procura de Chichi?? –

-nada on, pero yo sé quien lo tiene, o mejor dicho quien lo vende –

-¡quien habla rápido!-

-Sare ese on es el único que vende cd’s en Angasmarca-

-‘tamare verda di?, ya compare gracias, ahora esfumate!!!-

Busqué en mi escuálido bolsillo y solo tenía cuatro soles, cuatro malditos soles, mientras que a unos metros Natalia me esperaba impaciente.

-me esperas cinco minutos?-

-que pasa te veo agitado-

-nada solo cinco minutos y bailamos tu canción si??-

-ya vacan –

Entonces esa hora corrí, a mil por hora donde la tienda de Sare, ni bien llegué y le di los cuatro soles y sorpresa el bendito disco costaba cinco, no había otra salida que pedirle rebaja:

-ya pe Sare, luego te doy la luca-

-no Galvis, baja la luca no seas agarrao-

-en serio no tengo – (maldito te odio pensé)

-yayaya, pa la próxima son cinco ah –

-Dame el que tenga Procura-

-mira no se qué música toca ese zambito, pero ahí en la caja debe decir-

(Claro pues que vas a saber de buena música, si escuchas puro fichiruches, pensé)

Dios fue peruano y me dio la alegría de ver la palabra PROCURA, en la séptima ubicación de la lista. Emprendí una loca carrera de vuelta con el disco en el bolsillo y con la emoción a todo dar…

Parte de la letra dice así, pero ojo comentada por su servidor:

Procura seducirme muy despacio (creo que ella lo hizo)
y no reparo de todo lo que en el acto te haré (aquí fallé yo)
procura caminarme ya, como ola del mar (ella lo hizo, bailaba lindo)
y te aseguro que me hundo para siempre en tu rodar (los tres días que pasamos me hundí en ella)
quizás convenga que te alejes (y se fue para siempre)
quizás me domina la tentación (nada me controlé)
de imaginar que estoy tan cerca de ti (la canción tiene razón imaginar porque ahora tamos lejísimos)
tan cerca...sin poder resistir… (que pena porque no pasó nada)

-gracias, eres inolvidable- me decía mientras bailábamos.

Todo afanoso le dije:

-lo hice por ti, para verte sonreír-


Ella me miró, se recogió el mechón de su pelo y no dijo nada mas, simplemente bailamos muchas horas, (creo que hasta las ocho de la noche), en medio de los fuegos artificiales levantando polvo en medio de un mar de gente -desde luego sin soltarnos las manos- bailamos en silencio solo mirándonos, preguntándonos como deberíamos actuar a esos cortos quince años cuando uno piensa que el amor lo es todo… se llama Natalia Gamboa así como la conocí, misteriosamente desapareció al día siguiente, se subió en un ómnibus color verde, yo accidentado corrí tras ella para pedirle perdón, por no haber ido a verla a las once como habíamos quedado (me dio roche decirle que mi papá me sorprendió cuando estaba a punto de escaparme y me reprendió y me mandó a dormir, también me dio vergüenza decirle que esa noche lloré de impotencia al estar metido en la cama mientras ella seguramente moría de frio esperándome en la esquina del hotel) pero el ómnibus ya partía e hice lo que tuve que hacer, le di la carta que escribí toda la mañana

-léela en el camino - (era obvio ni modo que lo iba leer en Lima)

Pero siempre yo tenía que joderla todo …

-y el polo del Progreso?- hablé como mostrando mis celos chuscos .

-ahh mi abuelito donó el uniforme de este año y como está bonito el modelito me puse uno, ¿por qué?-

-ahhh yaaa es que yo también soy hincha de ese equipo- ufff mas te valía decir eso que mencionar a Richard… pensé

Enmudecimos o mejor dicho enmudecí mirando sus ojos, el mechón de cabellos que le caía por el hombro con su mirada vacía y a la vez llena de amor… Hasta que en ese segundo parecía que ya íbamos a llorar y me volvió a hablar:

- mi mamá nació acá, pero en la época del terrorismo, en un ataque, falleció y mis abuelos paternos me criaron toda la vida en Lima, vine a conocer la tierra de mi madre porque en diciembre me iré a New Jersey con mi papá, él está trabajando allá-

Y sus ojos se enlagunaron, intenté ser fuerte.

-nunca me olvidaré de ti Natalia- logré decir, mientras otros pasajeros me apretaban en el diminuto pasadizo del bus…

-igual Juan-

Quise seguir hablando quise quedarme en ese bus parado no importa, mirándola, hablando de lo que sea, pero con ella, porque al parecer ella se robó algo de mí…

Minutos después, en mi cuarto tirado en la cama escuchaba “En ausencia de ti” de Laura Pausini, mientras que en un mapa de Estados Unidos buscaba la palabra New Jersey, y como para vengarme de mi papá (porque él es profesor de Geografía y en ese tiempo jugábamos a hacernos preguntas sobre ciudades y capitales del mundo) le pregunte:

-papi ¿Dónde queda New Jersey?-

-en Estados Unidos hijo ¿por qué la pregunta?-

- un amigo dice que su tío vive por allá –

- allá hay una gran colonia peruana, tengo un primo que vive allá también-

-¿y cómo se llama tu primo papi?-

-Eduardo Gamboa-


Las Chicas del Pasado (Parte I)

miércoles, 3 de diciembre de 2008


Las chicas del pasado son aquellas chicas que me abandonaron o tal vez las que yo abandoné o a lo mejor las que nunca quisieron estar conmigo
- en fin esas muchachitas se fueron y nunca más volverán…-

Hoy por hoy siento que se han quedado muy lejos en aquel mi desigual pasado, algunas fueron malas otras aburridas hubieron también buenas (muy buenas), inteligentes, graciosas, lindas, cariñosas, alocaditas, bailarinas, divertidas, odiosas, distraídas, lloronas, enojonas, sentimentales y románticas (las que más quise) -en fin- varias de esas chicas fueron un entrevero de personalidades y sin haberme dado cuenta siento que cada vez están quedando mas lejos en mi pasado como fósiles en mi mente (ahora con mucho esfuerzo intento recordar esos días a lado de ellas) :
Todo empezó esa tarde, aquella excéntrica tarde cuando con toda mi familia iríamos a la fiesta de florecimiento por el primero de mayo (a mi papá le tocó organizar el rosario y el agasajo
para toda la gente del pueblo que esa noche se congregaría en la cima del cerro Angasmarca) la mamá de Laly era amiga de mi madre y bueno le tenía cierta confianza, le dijo a mi mami que
si le encargaba a Laly ya que la niña también quería ir a la celebración. Mi mami buena gente lindísima ella, aceptó (para mí fue una gran noticia) por lo que de pronto sucumbí en la cuenta regresiva de verla, quería que las horas se hagan segundos, quería que ya fuera de noche y que su mamá traiga a Laly a encargárnosla, sin embargo eran las cinco de la tarde y el tiempo no progresaba, recuerdo que mi papá contrató una camioneta para llevar las provisiones para la noche, ayudé a cargar algunos baldes con agua potable y sofocado en el trayecto hacia el cerro pensaba en ella y me adelantaba a los hechos, planeaba caerle esa misma noche (a pesar de mis cortos trece años) preparaba las palabras de mi primera declaración de amor. Era tan chico tan alucinado mas -que ahora- que sentía que esa noche iba ser una noche inolvidable...Cuando nos alistamos para ir al cerro me peiné como tres veces, y como en las películas me rocié de colonia de hombre (usé la colonia de mi papá, era una Bandido de yanbal, era buenísima) me puse mi mejor casaca y mis botines marrones como para estar presentable y así impresionar a esa niña que desde muy niños es mi amiga.

Laly por fin vino a la casa y salimos , ella sabía mis pretensiones (unas semanas antes en el colegio hice evidente mis intereses) ella estaba callada, de a ratos sonreía desatinadamente y me hablaba de cualquier cosa pero no me daba alas como para empezar a decirle que la quiero y que sea mi chica. Cuando llegamos a la cima estuvimos distanciados ya que me encontré con medio pueblo que celebraba la fiesta, y desde luego estaban muchos de mis amigos (ante tanta gente me sentía chiquito, y empecé a desanimarme).

Sobre todo los chicos del colegio, ufff si me hubieran visto con Laly hubiera sido suficiente para ser el punto, el centro de atención, ser el chisme de la semana, por lo que decidí callar y mirarla causalmente o de reojo además a las justas bailé dos veces con ella (ya que si lo hacía mas seguido, mis amigos podrían sospechar) y yo no quería ser el tema de la semana. Ni modo en aquellos días era muy extremista, algo ingenuo por lo que preferí no decirle nada y solo la relojeaba cuando bailaba con otros chicos mayores que yo ( los que la pretendían) yo miraba su perfil, su rostro dibujado su nariz que hasta ahora es bien definida y sus ojos chillones y risueños que en esos días me decían “ven, ven” (aunque al principio me sentía dispuesto a ventilar mis intereses no sé que me pasaba y renunciaba a todo y después desanimado, tonto, no iba me escondía de ella)

Pasaban las horas y no había conseguido nada, a duras penas logramos bailar dos veces (la primera estuve callado, me sentía el mas miedoso de todos, sentía como las miradas de mis amigos y de los chicos que la pretendían se fijaban
en mis defectos al bailar y eso me ruborizaba, hasta el punto en que quería que la canción terminara), para la segunda vez me había repuesto y el “dj” ponía las canciones de moda y sentía ese estribillo agobiante dentro de mi que me decía “ve a bailar” hasta que me animé a sacarla a la pista otra vez y en esta me sentí mas libre mas espontáneo y solo atiné a decirle : “ehh hace mucho frio di?” ella me escuchaba con dificultad por la música que era ensordecedora y me respondió gritando: “que diceees?” y ahí aproveché para acercarme a sus orejitas y le dije suavemente “hace mucho frio diii?” ella asintió con un gesto y siguió bailando, fue entonces cuando me di cuenta que esa fue una pregunta tonta (al menos me había acercado a sus cachetitos y los otros chicos nos miraron con recelo, me sentí muy grande mas hombre) no obstante en lo que quedó de la noche no me acerqué mas, sentí que con eso era suficiente (que falta de perseverancia) es que sentí una especie de desesperación y temor unas cosas algo extrañas (yo las interpreté como si fueran los síntomas de un enamoramiento) de modo que no hablamos hasta semanas después en el colegio cuando nuestros compañeros de clase se dieron cuenta que andábamos hechizados por esos síntomas del amor .

Luego le conté el rollo a Julio, un compañero de clase al que le tenía cierta confianza, desde luego con la condición de que no dijera nada sin embargo Julio me fue desleal y como si le hubiera suplicado a gritos que divulgara mis intereses para con Laly, se encargó de contar el chisme a propios y extraños de modo que el lunes siguiente fui el centro de atención fui protagonista del chisme de la semana (no es por nada pero aparte del fastidio que sentía al saber que todos se enteraron que andaba enamorado de Laly, había algo positivo ya que esa chismosería me hizo mas popular –aunque perdí a otras chicas que también me gustaban- fueron esas habladurías las que de alguna manera influyeron en la decisión de Laly)

A los doce días de haber estallado el chisme, en los escalones antiguos del colegio en una tarde oreada y silenciosa cuando estábamos practicando una coreografía para una actuación que se aproximaba, yo estaba subiendo y la vi bajar, me detuve en el lavamanos como para darle tiempo y así encontraros exactamente, ella me vio y sin decir ni una sola palabra me dio un beso, ¡el primer beso de mi vida! la sentí mas grande que yo (a lo mas me superaba un par de centímetros ) su cuerpo estaba en sus mejores épocas, era las mas alta de la clase, era la mas alegre, la mas caprichosa, ella era la que otros chicos muchos años mayores que nosotros la deseaban sin embargo yo estaba ahí adelantándolos a todos y la tenía prendida de mi nuca ¿o de mi cuello? -no lo recuerdo- dejando que me enseñe a besar, la abracé como me aconsejó mi primo Carlitos, le di esas caricias extrañas que de por si no me despertaron esas sensaciones que el buen Carlitos me advirtió; aun así el sabor de sus labios, esos labios espaciosos, delicados muy finos y a la vez grandes, se tramó en mi gusto, su lengua me asustó (no sabia que la lengua también participaba de esos besos), fue la tarde en que por primera vez besaba a una chica y temblaba de nervios y estaba asombrado por haber descubierto el sabor de esos sus labios que aun recuerdo.

Meses después fuimos enamorados a escondidas, yo iba a su casa con la intención de besarla de tenerla para mí y en lugares escondidos nos excitábam
os inocentes llenos de curiosidad; a veces yo iba muy lejos y ella me acompañaba, mientras en el colegio solo éramos amigos (aunque todos sospechaban. Me daba igual), ella me escribía cartitas con tinta de varios colores, (yo las respondía solo con color azul) diciéndome:

- “te quiero Juancito , no pienses mal esas personas hablan así porque nos tienen cólera yo te amo a ti Juancito”-

Hoy al recordarla y al pensar en lo bonito que se sentía tener una enamorada por primera vez, me emociono y pronuncio su nombre bajito como para revivirla al menos en la imaginación...

Los meses que siguieron, fueron trascendentales porque han quedo grabados en mi mente, por eso que en estos días los rememoro, creo que con dificultad, escarbando hasta los mínimos detalles, incluso he llamado por teléfono y he mandado e-mails a algunas de esas chicas que me abandonaron o que abandoné o que nunca quisieron estar conmigo, preguntando como fueron algunas cosas, aclarando y recordando para en lo posible aproximarme mas a la verdad y así poder basarme en esos hechos que me hicieron feliz, que me hicieron sufrir.
Casi todo el año la pasé intrigado, desesperado por ella, inclusive una tarde, después del colegio, cuando yo distraído niño la vi paseando acompañada de otro sujeto, un chico mucho mayor, no supe que hacer. Sentí de todo. Es que ella era mi chica sin embargo nosotros habíamos dicho que nadie debería enterarse (supongo hicimos ese trato porque éramos niños) y si reaccionaba iba a romper ese trato, por lo que me sumí en una sensación extraña, la que mucho tiempo después por fin entendí. Era la engañosa sensación de los celos.

Por eso un día en el colegio le escribí un papel diciendo: “en la tarde vas a mi casa necesito decirte algo” (las citas algunas veces eran en nuestras casas, por la tarde en las que fingíamos hacer las tareas y aprovechábamos para darnos de besos y sentir ese amor a medias que nos prodigábamos secretamente) por la frialdad de mi mensaje ella me miró desde su carpeta que estaba a pocos metros de la mía, me miró con una extrañeza con una curiosidad con una tristeza que parecía adivinar lo que yo quería decirle.

Aquella tarde de noviembre fue a la cita, yo fui malo muy malo, le dije que no la quiero, ella se quedó callada creo que también fue mala porque andaba saliendo con ese sujeto mayor, ella se marchó, yo me quedé ahí resentido, perdido y absurdo, ella nunca mas volvió a expresarme su amor, nunca mas me dijo Juancito. De modo que adopte esa mala costumbre que hasta ahora me persigue, empecé a seducir a otras chicas (como si no me hubiera pasado nada), entonces quise borrarla, quise eliminar el recuerdo de la primera enamorada que me dio un beso en la boca sin embargo todo fue inútil debido a que muchos años después seguimos siendo amigos y en ocasiones nos volvimos a querer y nos volvimos a dar esos besos bonitos de cuando teníamos trece años.

Violeta era una amiga en común y era muy amiga de Laly se tenían una confianza única, no sé como nuestra historia empezó pero el hecho es que también fuimos enamoraditos, no sé si al poco tiempo de cortar con Laly o si fue en paralelo (aunque lo dudo). Los recuerdos mas bonitos son de cuando en la primavera del dos mil uno empezaron las clases y ella había vuelto de unas vacaciones en Lima, vino muy cambiada (muy alienada ella) vistiendo unos pantalones estrechos que dejaban notar perfectamente esas sus fascinantes piernas que no dejaba de observar, al igual que Alina otra chica que también fue mi chica, era alta y del
gada, destrozaba el mundo con sus senos grandecitos, redonditos y ricos, nos echábamos esos coqueteos pero no le decía nada. En la formación yo era brigadier y la veía delante de todos (obviamente por ser alta) y me sonreía yo escapaba a sus sonrisas de loquita, a sus arrebatos y ocurrencias, con ella pasé unos días de prohibida pasión, inclusive mi buen primo Carlitos conoció de cerca muchas de mis aventuras de esa época, Violeta era una chiquilla llena de frenesíes , yo desde luego estaba asombrado, no sé si me quiso de verdad o si sencillamente era un jueguito inhibido (ahora eso es lo de menos), aun así gracias a esas demencias que viví con ella, esta noche escribo estas líneas.
Así como algunas de mis relaciones de aquellos días, con Violeta también pactamos ese tradicional secreto: de que nadie podría enterarse, “era muy niño” y no me gustaba la idea de que todo mundo supiera lo que pasaba entre nosotros, de modo que ese pacto funcionó por algún tiempo (aunque no me escribía cartitas, yo si me daba tiempo para escribirle mi supuesto amor) recuerdo que mi léxic
o era limitadísimo por lo que copiaba frases de algunas baladas, si bien mi caligrafía no era tan buena que digamos (creo que hasta ahora) por las noches después de hacer mis tareas me quedaba solo en la sala (ayudado por un diccionario de sinónimos para niños de primaria) escribiéndole mis cursilerías en una hoja del cuaderno, a veces cuando mi mamá se acercaba y me preguntaba que tarea hacía, cubría mi carta con un cuaderno o con otra hoja; era tan inexperto para disimular las cosas que la sola presencia de mi madre me ruborizaba y perdía los papeles… hoy me siento algo ridículo por esas escenitas. Y también por la “enfermedad” que semanas después le sobrevino a Violeta, aquella tonta y estúpida enfermedad que nos engañó a Carlitos y a mí aquella noche de septiembre que jamás habríamos de olvidar.

Violeta desde que volvió de sus vacaciones en Lima, llegó toda alienada (eso me irritaba) sin embargo algunas veces nos veíamos a escondidas durante esas sombrías noches, escondidos por alguna calle del pueblo u otras en una habitación aislada de mi casa, en la que en esas difusas y aciagas tardes de lluvia y neblina veíamos películas de Pedrito Fernández, en formato VHS en la VCR de mi papá, las que por supuesto a ella no le interesaban en lo mas mínimo o simplemente escuchábamos música romántica (como si tan enamorados hubiéramos estado) por ratos ya que ella ni yo podíamos contener ese espasmo rico de besarnos y tocarnos en zonas inadecuadas, yo me extinguía en aquellas partecitas de su morena piel que de a pocos y cada vez mas lejos descubría a iniciativa de ella…

-Henrry le ha dejado un chupete en el pecho a mi hermana – me decía con la mayor ingenuidad del mundo.

-Asuu que si? Y en que parte ah? –

-por aquí- me contestó señalando la naciente de sus pequeños senos.

Me alboroté, mi saliva pasó de a golpe como Don Ramón en el Chavo del 8, y de pronto esa malicia seductora empezó a embelesarme, empezó como quien dice a “darme de patadas en el cerebro”, no sabía si hacer lo mismo que hizo el tal Henrry con su hermana o reírme y quedarme ahí estático sufriendo mi timidez y al rato me dijo:

-en verdad no te engaño, es cierto lo de los chupetes…-

A mi me daban ganas de tomarla de frente y hacerle muchos chupetones pero mi ingenuidad de niño me frenó, me sentí tonto y no hice nada, la mire y le dije:
- que gracioso no?...-

Ella se acomodaba como diciéndome “¡sirvete!” , y yo me alejaba un poquito y secaba el sudor de mis manos en la pared…
Fui un niño retraído, mientras ella quería que le deje un soberano chupetón en esas prominencias de su escuálida, recordaba que esas ideas algunos momentos de calentura, se habían hecho realidad solo en mi mente, mientras tanto ella se acostaba, se acomodaba y dejaba a la vista ese su pequeño escote…

Yo fui lo que en eso días fui: un niño tonto y retraído… y para mí no fue fácil no me atrevía aunque en algún lugar de mi ser habían unas sensaciones que me envalentonaban, creo que mis miedos pudieron más. Me senté en un lado de la cama me sobaba las manos la miraba a ella toda mujercita con sus quince años que la disponían a todo, miraba en su piel trigueña que el calor de la libido se desvanecía, veía morir en sus ojos ese impulso que por primera en mi vida experimentaba… Ella toda insolente me rompía el corazón diciéndome lo siguiente:


- O sea que arriesgas tanto, eres aventadito con las chicas y a la finales no llegas a nada, no te entiendo. ¡ No sabes lo que te pierdes niño tonto! –
Y resueltamente se abotonó el famoso escote, se paró en frente mío y en el reflejo de la ventana en dos minutos y medio se recogió los cabellos se arregló las fachas, cogió sus cuadernos y se marchó tirándome la puerta con mucha fuerza, seguramente llena de impotencia por no haberle hecho los benditos chupetes en sus célebres senos…
Me quedé desorientado como flotando en una órbita extraterrestre, maldiciéndome por no haber hecho lo que Violeta quiso, imaginando que mas podría haber pasado y por un momento me tomé a pecho lo que ella me dijo:
- “niño tonto”-

-si tiene razón soy un tonto- me repetía una y dos veces mas…

No supe que hacer. Estaba desconcertado sentí vergüenza ajena, sentí tristeza por tener una chica tan extrovertida y nada romántica (como siempre nunca quise), era como una cachetada a mis cartitas, a mis baladas que le dedicaba con total solemnidad y a mis modales de niño bueno y estudioso. Me dejó ahí sentado viendo “La niña de la mochila azul” cuando Pedrito y Amy se encontraban dramáticamente en un puente, ambos corrían emocionadísimos, llorando de alegría y de fondo una ranchera muy bonita, de esas que me encantan.

Al día siguiente no podía borrarme el episodio que viví con Violeta y me urgía contárselo a alguien, necesitaba un consejo o consuelo, necesitaba saber como debí reaccionar, entonces me acordé de la persona indicada para esos casos:
El gran conocedor de los problemas de amor y de cualquier índole, mi buen primo, el gran Carlitos. Esperé con ansias el recreo y salí volando a buscarlo, lo encontré en el pasillo y lo llevé casi a jalones y nos sentamos en las gradas al frente del patio y le dije:

- necesito tu ayuda o bueno quiero contarte una vaina…-
-tranquilo, ta que ya ves me estas arrugando la camisa compare, a ver que pasa, suelta-

-Ayer estuve con Violeta, en el “point” (así era como llamábamos a la habitación escondida de mi casa) ahí pues viendo una película pasándola chévere, luego nos besamos muchísimo y se puso de onda la cosa y alucina que quería que le agarre los senos que los bese que los chupetee, me dejó estúpido compare, no sé me dieron ganas pero me chupé, arrugué y creo que se enojó, agarró sus cosas y se quitó, se fue como una loca tirándome la puerta-

-Espera espera, cuenta despacio, que hiciste?, la agarraste?- me decía Carlitos con una cara de otro mundo.

No compare, me paltie, me dio roche, me empezaron a sudar las manos y me hice a un lado y la dejé ahí mirándome con unas ganas de pervertida. Es que nunca me había pasado algo igual.

-oye zonzo, eres o te haces? Ella tiene su famita – me contestó como llamándome la atención

-pucha que pavo me saliste primo la negra quería algo y tú todo baboso, la dejas te quitas, que hombrecito resultaste, ohee ya pues déjate de cojudeces-

Hablaba Carlitos como si el agraviado fuera él, me pedía que le cuente los pormenores los detalles, claro él es el gurú de los encuentros amorosos y afines (desde que somos amigos o desde que nos conocimos, siempre se le ocurrían ideas que nos sacaban de los peores aprietos, como lo que pasó unos meses atrás cuando yo era su alarma, su violinista, su campanero o simplemente su alcahuete. Siempre que rememoró esos acontecimientos, me da mucha risa cuando gracias a sus ingeniosas ideas nos salvamos de una paliza segura y desde luego mi confianza en sus servicios picarescos se reafirma…

Carlitos vivía con sus abuelos, ellos tenían una casa grande al estilo hacienda, y según mi buen primo sus abuelos iban a pasar unos días en el campo y por lo tanto él tenía la casa a su “disposición”, por lo que Carlitos como el buen amante que es, llevó a una de sus tantas chicas a la habitación de su abuelo a mostrarle las antigüedades que tenía en vitrinas y aparadores y desde luego a pasarla bien ahí conversando y dándose muchos cariñitos; yo por supuesto era el vigía, el que cuidaba la entrada por si llegaban los empleados o algún familiar, según lo planeado todo estaría bajo control, el señor Abimael no podría aparecerse ni en pintura ya que a esas alturas estaría llegando a su chacraa muchos kilómetros de distancia, entonces decidí bajar la guardia, fui a comprar unos chicles, de paso a sacarle copia a un libro para la tarea de educación cívica que había dejado la profesora Yolanda, en fin no había peligro alguno aun así yo su leal amigo no podía quedarle mal y de regreso me di una vueltita por la casa de Carlitos para dar un vistazo, por si habían moros en la costa le di el acostumbrado silbido y se asomó por la ventana y burlón, criollo e inquieto me decía: “’ta que ya ves…” con eso bastaba para decirme que lo estaba interrumpiendo, me detuve en el zaguán para amarrarme los pasadores, cuando de repente escuché aproximarse la tenebrosa voz de don Abimael, sentí su lúgubre presencia y no supe que hacer, mi corazón latía como si mi vida estuviera apunto de terminarse y claro que se terminaría si nos descubría, al menos yo era un extraño en esa antiquísima casa y con el carácter terrorífico del señor Abimael ¡estábamos perdidos! digo perdidos por Marilú, la chica de Carlitos que a esas horas andaba muy afectuosita con él jugando al amor, nada mas y nada menos que en la alcoba del mismísimo señor Abimael, entonces no tuve mas salida que efectuar nuestro silbo de peligro:

“fui, fui, fui, fui” (que no era nada menos que la adaptación en silbo de la alarma de retroceso para automóviles)

-que pasa, que pasa?- salió preguntando Carlitos en tono sinvergüenza y yo como alma que llevaba el diablo o mejor dicho como alma que llevaba don Abimael le dije que su abuelo estaba llegando a la casa y que se esconda o bueno que nos escondiéramos porque si no estábamos perdidos…

-¡chumas!- respondió ofuscado mi buen primo y en una milésima de segundo concibió el plan de contingencia.

-escucha- me dijo muy orondo como si tuviera la certidumbre de que su plan iba ser un éxito.

-Métete a la sala pa’ que no te vea mi abuelo, ahorita le digo a Marilú que también venga no vaya ser que mi abuelo entre a su cuarto y ahí mancamos todos, quédate callado que ahí viene no te muevas, todo será rápido- Me decía queriendo disimular los nervios que al parecer le querían hacer una mala jugada.

-Cuando se apague la luz sales corriendo, yo dejaré las puertas abiertas- Casi me río a carcajadas por la ocurrencia de Carlitos, ya que una vez más nos sacaba de aprietos.

-ya, ya ya, pero apúrate- le dije y él se metió al dormitorio de su abuelo.

Cuando el señor entró, se me estaba escarapelando el cuerpo, no podía moverme y solo un aparador me servía de escondite, de haberme encontrado podría pensar que era un ladronzuelo, me contenía la respiración y sudaba de frio y sentía como don Abimael caminaba sus pesados pasos, refunfuñando, buscando el control de su televisor (mientras yo vivía el suspenso de mi vida).

Entonces escuché que Carlitos salió por ahí muy cínico con el control en la mano y saludando a su abuelo. Incluso le alcanzó el sillón para que se sentase cómodo a ver su noticiero y lo vi salir con dirección a la calle, fue lo peor, pensé que nos abandonaba, que se iba y que tal vez nos dejaba a Marilú y a mi a correr nuestra suerte y mi corazón empezó a resonar, no había otra y lo peor era que el señor seguía sentándote viendo la tele y peor aun me daba miedo que entrara a su habitación y se chocara con Marilú y explotara el lio.

En la tele dieron los comerciales y don Abimael se levantó con dirección al aparador donde yo me escondía, - ufff caballero, ya fui- me dije y cerré los ojos y plum!!! Se apagó la luz todo se quedó a oscuras y salí corriendo tan rápido mas que Speedy Gonzales, mas que el Correcaminos, como si la gloria fuera la salida de esa casa, corrí como Forrest Gump escuchando la ronca voz de don Abimael que decía “apagón carajo!!! tan interesantes que estaban las noticias...”

Ya en la calle nos encontramos y Marilú con Carlitos estaban ahí muriéndose de risas, burlándose de mi cara de trauma, de mi sudor de frio como si acabase de ver a la mismísima pelona... jaa luego respiré. Los miré muy picaros a ellos (es que las chicas que tuvo Carlitos fueron tal para cual) nos abrazamos como el gran equipo que éramos, lo habíamos logrado, nos zafamos de “Kupa” (así le decía al señor Abimael en alusión al eterno enemigo de Mario Bros, jeee)... ellos se tomaron de la mano y como para celebrar la hazaña fuimos donde la Abuelita Irma a comer “sanchipapa” y no salchipapa como debería ser (Carlitos resultaba con unas locuciones medio extrañas, ¡le gustaba entorpecer la lengua! Aunque fingía ser un hombrecito experimentado, en algunas cosas aun era medio aniñado y por eso me decía: vamos a comer “sanchipapa”) Fue una tarde para la historia, Carlitos fue y es un amigo de esos pocos, esa noche nos pusimos a analizar los pormenores de nuestra audacia y nos reíamos como loquitos...

Esos eran los buenos tiempos. Ésas eran nuestras épocas, aquellos días remotos que jamás de los jamases han de volver, en la que escuálidos chiquillos alucinábamos con ser grandes. Él era el campeón de las criolladas, de los problemas de mujeres y esas cosas yo no muy lejos de ello le ayudaba en sus problemas académicos entraba ahí para salvarle capote aunque Carlitos era un charlatán de primera, siempre tenía excusas para todo, hasta para justificar las tareas del colegio jeee ese Carlitos como a veces en la actualidad le digo “eres una basura” claro en sentido figurado, por que a él lo considero como a un hermano...

-ya pes hija vas a contar o vas a seguir viendo al cielo como gilman-
Sinceramente se me había quedado en el fondo como un eco lo que Carlitos me dijo: que ella tenía su famita, y aunque era difícil aceptarlo yo estuve a punto de enamorarme de ella, o sea de la chica equivocada. Como siempre enamoradizo yo.

-Ahh? Nada ehh estaba pensando recordando cuando la hicimos, recuerdas, “el escape de Alcatraz” jajajaja – se reía Carlitos por lo de la fuga de la casa de su abuelo “El Escape de Alcatraz”.

-ya pes quieres que te ayude con tu roche o no? O me has llamado por la juats? -
-o ya pes, pero como hacemos? – yo inseguro en esas épocas

- mira compare a las nenas no hay que pasearlas, ¡hay que hacer lo que ellas quieren! Así que de aquí te vas hablar con Violeta, planeen, llévala otra vez al point ve tú, ella quiere mucho más, así que si busca tiene que encontrar...
jajajajaj- Carlos me decía todo tan serio y luego rompía a carcajadas

- hay que darles de su propia medicina…-
- si on tienes razón, voy a dejarme de vainas, si ella busca tendrá que encontrar- Hablé con tal decisión que ni yo me la creía.

A la mañana siguiente, lo tenía todo planeado: en el recreo le pediría otra cita a Violetita, le ofrecería un supuesto perdón por tratarla fríamente el día en que me abandonó en el point, aunque me iba costar hacerlo, gracias a los consejos de Carlitos estaba dispuesto a dejar todo en la cancha, como quien dice: ¡quería sudar la camiseta!

-Que me importa que tenga su famita y que haya salido con medio mundo, eso es lo de menos, yo no voy a dejar mi reputación de varoncito por los suelos, si ella quiere que le haga chupetes como el tal Henry le hizo a su hermana, pues los tendrá, si ella quiere algo mas, pues iremos mas allá- Pensé con demencia, en el trayecto hacia el colegio…

Ella estaba en su carpeta cuchicheando con sus amigas y vio cuando entré un poco apurado porque ya era tarde , sin embargo para suerte mía el profesor de religión aun no había llegado , cosa que llamaba la atención porque él nunca llegaba tarde, me vio llegar y no hizo ni el menor caso (eso me supuse), me senté acomodé mi maletincito y estaba mudo, salude a Melva, a Jorge y a Rondón, quería disimular mi preocupación, entonces me propuse decirle todo a la hora de recreo, sin embargo las horas parecían durar setenta, ochenta hasta cien minutos y no sesenta como naturalmente debe ser.

Toda la bendita clase de religión me pase planeando, ordenando las palabras de mi indecorosa propuesta:

-ehh hola Violeta, quería para decirte- noo claro que no eso sonaba muy frio eso no podía ser.

-hola Violeta sabes el otro día me porté mal porque no hice lo que me dijiste además no perdía nada en hacer lo que quisiste que hiciéramos- No!!! Definitivamente eso sonaba ridículo, me vi en una confusión única ya que no sabia como hacer para lograr una nueva oportunidad, ya se llegaba el recreo y todo estaba peor... El poco tiempo que me quedó me lo pasé imaginando las frases perfectas, algo que no la hiciera sentir mal ni a ella ni a mí, algo que tuviera mucho de convincente y poco de impúdico.

Hasta que una luz entre las tinieblas, claro una copia de un dialogo del libro de lenguaje de Jorge Ventura Vera, y lo adecué de la siguiente manera:

-hola Violeta, quiero decirte que te debo una disculpa por lo que pasó en mi casa, en verdad fui un cobarde, yo te quiero y voy hacer todo lo que tu me digas, y si lo que me dijiste te hace feliz, yo estoy dispuesto a hacerlo… –

Y de pronto ella con su mirada ya estaba al frente mío, no hubo tiempo para ensayar sin embargo mis palabras sonaron prometedoras y ella cínica fría y calculadora (como siempre hubo de ser) me dijo:

-ya Juancito, esta noche en el primer piso de mi casa te espero a las once de la noche, si deseas ve con tu amiguito, pa’ hacer hora los cuatro con mi hermana-

Huy mi cabeza se calentó, parecía una caldera (de esas que tanto hablaba mi tío José cuando era estudiante de ingeniería) fui victima de una calentura casi obscena:

-ya pues – le dije, para luego ser más tonto:
-pero no podrás mas temprano?- (porque a mi no me dejaban salir mas de las 10 pensé)
-que tu mamita no te deja salir?-

-no es eso Violeta- y más rápido mencioné mi excusa:

-solo que Carlitos él es el problema-

-Hay no sé Juancito, ya te dije si quieres os vemos esa hora- Me dio una rabia escucharla tan engreída, tan segura como si no supiera que yo estaba “templado” de ella, como si fuera fácil escaparme de mi casa a las once de la noche…

Y como siempre condescendiente:
-ya pues nos vemos entonces, pero antes otra cosita…-

-dime-

-te quiero Violeta- le dije todo tímido con la voz temblorosa…
Entonces ella rápida como siempre me advirtió:

-Juancito: si la puerta de mi casa esta cerrada, entran por el portón atrás, ese siempre esta abierto- yo seguía con la cabeza caliente…

Antes de terminarse el recreo, fui en busca del buen Carlitos y le conté detalladamente todo y desde luego él aceptó, me dijo que en la tarde nos viéramos para planearlo todo, desde luego él iba pensar en la incursión…

El recreo se acabo en un abrir y cerrar de ojos, aun así pareció un recreo como muy pocos, porque había logrado lo que me propuse, me di mi tiempo, fui a los servicios, me mojé la cara, me arreglé los cabellos y volví al salón con aires de galán… Pero, luego la vi y todo era hostilidad, le echaba un vistazo y ella me desentendía la mirada y conversaba con absoluta reserva con su mejor amiga, a veces ellas me miraban y yo sentía que se burlaban de mi, sin embargo recordé aquella clase de psicología, que habla sobre la paranoia e intenté estar tranquilo.

Cinco minutos antes de la salida y con una actitud desacostumbrada me dejó un papelito en la carpeta, yo todo iracundo lo tomé en el acto y lo escondí en el bolsillo, salí volando hasta el patio y lo desarrugué y decía:

-Disculpa Juancito me siento mal creo que estoy enferma, esta noche no podré mejor después te digo cuando nos vemos, pero hoy no vayas a mi casa, estoy mal…-

Pero yo no me tragué el cuento, ¿cómo era posible que cambiara de opinión? ahhh no yo era un poco tonto pero no imbécil… Nunca imaginé que esa misma noche descubriríamos con lujo de detalles esa sospechosa enfermedad (que aquella mañana en plena clase luego de hablar con su mejor amiga y luego de aceptar una cita a horas inadecuadas conmigo) de manera intempestiva le hubo de sobrevenir. Aquella enfermedad que descubrimos a media noche y que se pronunció con sonoros síntomas de dolor…
Aquella enfermedad que incluso me llego a doler a mí...
Aquella noche descubriríamos ese su falso amor
Continuará...